Al salir esta mañana del albergue aún era noche cerrada, noche sin luna, y en una breve mirada al cielo he visto más estrellas que en todo un año en Madrid. Era uno de esos cielos que te hacen tomar conciencia de todo lo que hay ahí arriba.
El tiempo pasa de una manera muy relativa en el Camino. Parece que hace siglos que me bajé del Canfranero y sólo han pasado 17 días. Es como si nuestra percepción del tiempo se adaptara a la velocidad a la que nos movemos por el mundo.
Esto me recuerda que he llegado más o menos al ecuador de la peregrinación. Atrás quedan ya Huesca, Zaragoza, Navarra, La Rioja y Burgos. Poco me queda ya por Palencia, antes de abordar el último tramo de León, Lugo y La Coruña. Muchas cosas todavía por ver, conocer, sufrir, disfrutar y rezar.
No quiero olvidarme hoy de los que estáis comentando mis entradas. Os leo a todos y me gustaría poder responder pero existe algún problema de compatibilidad con el móvil en la aplicación y falla la respuesta a los comentarios. Espero, a mi vuelta, responder como corresponde. Seguid participando, puesto que me hace una gran ilusión recibirlos.

