Los dos últimos días he tenido un par de encuentros con bicigrinos, similares a los que tiempo atrás hicieran que cambiarán mi opinión sobre las bicicletas en el Camino. Lo tengo que reconocer, en mis primeros años no me parecía bien la peregrinación en bicicleta.
Hoy un bicigrino ha adaptado su ritmo al mío, y hemos estado charlando un rato. Ayer, un bicigrino se paró para ofrecerme un poco de chocolate después de que yo le adelantara mientras el estaba parado. En ambos casos eran peregrinos que estaban recorriendo el Camino siguiendo el Camino. En la Meseta es muy fácil para ellos ir a la Nacional y hacer kilómetros como fieras.
Como en el caso de los que lo hacen a pie, hay de todo como en botica. Los hay que no saludan, que no avisan de que llegan o de por dónde quieren pasar y encima se molestan. Yo intento estar atento y facilitar el paso, pero no siempre los oyes llegar y un golpe entre los dos puede mandarnos a ambos de vuelta a casa.
No creo que haga el Camino en bicicleta, desde mi punto de vista te pierdes muchas cosas yendo tan rápido y apenas compartiendo camino con otros peregrinos. Debe ser muy duro.

