Uno de los problemas que me estoy encontrando es que al escribir esto a media tarde, me dejo por comentar algunas cosas importantes, porque pasan después de redactar esta breve crónica, o porque me olvido. Son tantas las cosas que ocurren que es muy complicado extraer dos o tres detalles para compartirlos.
Por ello no quiero dejar pasar que la cena comunitaria ayer en el albergue de Arrés fue espectacular, precedida de un gran anochecer (gracias Patxi) en la roca del pueblo junto con todos los peregrinos que hicimos noche en el albergue. El trabajo de los hospitaleros voluntarios, Manuel y Juan, (Nieves el 15 de agosto hubo cambio de hospitaleros) es fantástico al hacer de la acogida a los peregrinos un auténtico placer.
Sigamos con el día de hoy, una etapa larga, y con una de las pesadillas del caminante, un largo tramo de carretera bajo un sol de justicia casi llegando a Ruesta. Los pies se recuecen en la bota y, normalmente, al caminar junto a la cuneta andas forzando un poco el pie izquierdo.
Para concluir, después de lo que costó el final de la etapa de ayer, hoy he acabado mucho mejor, el cuerpo se va acostumbrando al tute que le estoy dando y me voy sintiendo más cómodo andando con las zapatillas. Les queda por pasar la prueba de fuego de la lluvia.

