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viernes, 23 de agosto de 2013

Jornada 5. Sangüesa - Monreal

El Camino tiene sus momentos buenos y sus momentos malos.

Hoy, después de unos cuantos kilómetros largos en solitario, me encuentro en el albergue a los que se quedaron durmiendo mientras todos salíamos. Ese es un momento malo, en el que quieres mandarlos a todos a freír espárragos por ocupar las camas de los que vienen andando. Afortunadamente un peregrino muy sabio me dijo que allá cada uno con su conciencia. 

Los momentos buenos suelen venir después de un momento malo. Llegando a Sangüesa, al ir a coger algo de la mochila, me doy cuenta que una pequeña bandera de España que llevo colgando de la mochila se ha caído. Lanzo tres o cuatro maldiciones en arameo y continúo andando. No es cosa de desandar 25 kilómetros para buscarla. Pero, y aquí está lo grande de todo esto, al volver de comer, uno de los peregrinos franceses, Frederic, me dice que ha encontrado algo que sospecha que es mío. 


Hoy me empezó a molestar la planta del pie izquierdo saliendo de Rocaforte, sospecho que tengo que dejar de saltar de la litera de arriba al suelo, me tomé un Ibuprofeno y me salté una de mis normas básicas: me puse a escuchar música. Necesitaba distraer el cerebro de la molestia en la planta del pié.

Esto ha generado dos buenos momentos, el primero al coronar un montecillo con esta música:  http://youtu.be/sAf9tFiy24s. El segundo, mientras paseaba por un prado junto a una valla de espino y sonaba esto otro: http://youtu.be/borbm2f6k_Y

jueves, 22 de agosto de 2013

Jornada 4. Ruesta - Sangüesa

Los que somos de ciudad y hemos visto la vida en el campo por la televisión, siempre pensamos en el típico gallo sobre una valla recibiendo el nuevo día y despertando a todos los habitantes de la granja. No hace falta pasar muchos días en el Camino para darse cuenta que los gallos no madrugan tanto como los Corn Flakes nos han hecho creer.

Para cuando se oyen los primeros cacareos, codornices y perdices llevan horas jugando con cazadores y perros, como el gato y el ratón, por los campos de cereales de cualquier lugar de España. Y los peregrinos llevan deambulando horas por caminos y carreteras. Mientras todo eso ocurre, el gallo duerme tranquilo en el gallinero.


Lo que no es mito ni leyenda son los problemas en los albergues. No seremos más que treinta peregrinos intercalados en este tramo del Camino Aragonés, nada que ver con la marabunta que nos encontraremos en dos días al encontrarnos con los peregrinos del Camino Francés, pero las infraestructuras son menos y la distancia entre albergues mayor. 

Cuando te dicen que no hay sitio en pleno mes de Agosto, miras al Sol, al asfalto en ebullición bajo tus pies, te pasas la lengua por los labios que rascan como una cerilla a punto de encenderse y preguntas al hospitalero por el próximo albergue o alojamiento alternativo.

Siempre hay alguien que pierde los papeles y exige explicaciones, normalmente a voz en grito, al pobre hospitalero. Cuando me encuentro en esas situaciones una frase que se ve en muchos albergues me viene a la cabeza: "El turista exige, el peregrino agradece".

Para terminar, un tema de Bon Jovi para los que andan renqueantes y con dolor en las piernas: http://youtu.be/6aO-A_QVgS4