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sábado, 16 de agosto de 2014

Día 2 Cercedilla - Zamarramala

Saliendo de Cercedilla con las primeras luces de la mañana, tocaba afrontar la ascensión al puerto de la Fuenfría para entrar en la provincia de Segovia y llegar hasta la capital provincial. 


En pocas ocasiones se tiene la oportunidad de recorrer esta zona de la Sierra de Madrid completamente sólo, sin ciclistas, excursionistas, grupos de exploradores ni domingueros contribuyendo al ruido ambiente. 

Esa calma y silencio que invitan a la reflexión de cosas variadas, como qué sería más duro, marchar por una calzada romana, desplazarse en un auriga o construir la propia calzada (¿Echarían sal los romanos en la calzada durante el invierno?). 


Tras coronar el puerto se inicia un descenso más pausado que la subida a través de un estupendo pinar que termina abriéndose a zonas de pastoreo donde esta mañana una horda de aves carroñeras estaban dando cuenta de una o dos vacas. 


Muchos kilómetros después se entra en Segovia (no hay civilización alguna entre medias), donde por arte de magia la señalización del Camino medio desaparece. Afortunadamente es fácil sortear a todos los turistas sorprendidos al ver a un peregrino hasta llegar a la Catedral. 


Desde la Catedral, en apenas tres cuartos de hora se llega a Zamarramala, dónde un estupendo albergue nuevo de 40 plazas acoge hoy a dos peregrinos. 

viernes, 15 de agosto de 2014

Día 1 Molino de la Hoz - Cercedilla

Pocos son los peregrinos que al iniciar su ruta hacia Santiago se hayan encontrado con una señal recordando ese comienzo. Yo hoy he tenido esa suerte gracias a mi padre. 


Ni que decir tiene que hasta prácticamente el final de la etapa, esa ha sido la única señal del Camino que he visto, puesto que la senda oficial del Camino de Madrid no pasa por ninguno de los pueblos que lindan con la autopista de La Coruña. 


Entre cotos de caza y fincas fui dejando atrás Las Rozas para llegar a Torrelodones. Al salir de Torrelodones, lo que esperaba fuera el peor tramo por el arcén de la vía de servicio, se ha convertido en un paseo por una senda bien transitada y con la carretera, que era mi referencia para no perderme, siempre a la vista.

Así que el peor tramo ha sido por Collado Villalba y Los Negrales, esa zona medio industrial y larga como un día sin pan. Tras desayunar, crucé la autopista para recorrer las urbanizaciones de Guadarrama y finalmente volver a pisar tierra hasta llegar a Los Molinos. 


Poco después entraba en Cercedilla y veía la primera flecha amarilla. Quizá algún día me aventure a marca la alternativa roceña del Camino de Madrid, para que los habitantes de estos pueblos no miren nos miren como si fuéramos alienígenas o enajenados mentales (bueno, esto quizá un poco sí).