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jueves, 18 de septiembre de 2014

Protegiendo la mochila

Recientemente se han sucedido las noticias de robos en albergues, móviles, carteras, cámaras e incluso ropa. Es un fenómeno que acompaña al peregrino ya desde los tiempos del Códice Calixtino y ante los que el peregrino debe estar siempre atento.

No está nunca de más preguntar al hospitalero, revisar foros del Camino, grupos de Facebook y demás fuentes de información por posibles hurtos previos o que se tenga conocimiento de la presencia en la zona de los sospechosos habituales.

En cualquier caso, cada uno de nosotros debemos ser los principales protectores de nuestras cosas de valor, y, en segundo lugar, velar por las de nuestros compañeros peregrinos. Estar un poco atentos a gente comportándose de manera extraña, buenos, digamos sospechosa, que todos nos comportamos de manera un poco extraña, tampoco viene mal.

A colación de todo esto, hoy me llegó una anuncio cuando menos curioso, se trata de una malla para asegurar el contenido de la mochila.


Según el anuncio (Malla Pacsafe) pesa 500 gramos incluyendo el candado, un poco elevado para lo que buscamos en nuestras mochilas, pero quizá haya alternativas más ligeras. Es válido para mochilas de entre 22 y 55 litros.

viernes, 30 de agosto de 2013

Jornada 12. Santo Domingo de la Calzada - Belorado

Un día en la vida de cualquier peregrino es bastante sencillo, suele empezar a las cinco de la mañana, cuando otros peregrinos deciden que es hora de despertarse. Este pequeño movimiento de uno o dos peregrinos suele provocar un despertar en cascada del resto de peregrinos en todo el albergue. 

A partir de ahí, un pequeño desayuno, que puede variar de unas piezas de fruta hasta los que aprovechan la cocina del albergue para prepararse un desayuno continental completo. Tras el desayuno, recoger la mochila, intentar meter el saco en su pequeña bolsa, lavarse los dientes, ponerse los calcetines revisando que no queden arrugas y calzarse. 


Unos breves estiramientos, y andar, andar, andar. Un café a mitad de etapa y vuelta a andar, andar, andar y un poco más de andar. En el tiempo que el peregrino está andando puede aprovechar para hablar con otros peregrinos, pensar en por qué está caminando, rezar, dolerse, saludar a la gente de los pueblos...

Al llegar al pueblo en el que quiere quedarse, puede encontrarse con albergue todavía cerrado y le toca esperar o que el albergue esté completo y tenga que volver a andar. Las tardes del peregrino están igualmente cargadas de actividades, pero las revisaremos más adelante. 

Hoy hemos recibido la introducción a lo que nos espera los próximos días, la carretera N-120 a un lado y campos de trigo segados al otro, largas rectas y pueblos medio escondidos tras pequeñas lomas, un paisaje que invita a la reflexión y a los fuertes de mente y espíritu. 

domingo, 25 de agosto de 2013

Jornada 7. Puente La Reina - Estella

El peso en las piernas de la distancia recorrida los dos días anteriores y la falta de sueño de cierta calidad me pasaron factura hoy, cuando la distancia recorrida es de las más cortas hasta ahora en un día. La mente a veces juega malas pasadas y esperando terminar la etapa con los primeros pasos. 


En mi forma de entender la peregrinación está el cargar uno mismo todo aquello que necesita. Obviamente, el peregrino medieval apenas llevaría carga comparado con todo lo que llevamos actualmente, no tendría ni mudas de ropa, ni saco de dormir extra ligero, ni unas chanclas para la ducha. Esta auto exigencia de cargar con la mochila es una forma de simplificar la vida en todo lo que pueda. 

El día que no tenga fuerzas para llevar la mochila es el día que tendré que abandonar.

Hoy me queda por resolver un misterio, ¿para qué se levantan muchos peregrinos a las cinco de la mañana si a las seis y cuarto siguen en el albergue?


lunes, 12 de agosto de 2013

La Teoría de Ornstein

La Teoría de Ornstein sobre la percepción del tiempo establece que la atención de nuestro cerebro se divide entre dos procesadores: uno de para el procesamiento de información y otro para la percepción temporal. Cuánto más hacemos trabajar al procesador de información, menos dedicamos a la percepción temporal y viceversa. Básicamente, cuánto más pensamos en otras cosas, más sensación de que el tiempo pasa rápido tenemos.

Hace tres semanas publiqué mi primera entrada en este blog, pero parece que hayan pasado tres meses, y todavía me queda por delante toda una semana antes de subirme al tren que me lleve hasta Canfranc. Tendría que repasar la Teoría de Ornstein, porque creo que si el procesamiento de información se centra en el tiempo que queda para que ocurra algo, entonces se ralentiza de manera exponencial.

AtribuciónSin obras derivadas Algunos derechos reservados por Stuart Chalmers
Esta es la lista de cosas que he hecho para intentar matar el tiempo durante estas tres semanas:

  • Preparar la mochila con todos los elementos necesarios. Esto ha incluido pesar todos los elementos y discriminar entre unos y otros en función del peso.
  • Comprar el billete de tren que me lleve hasta Canfranc Estación. Tuvo su aquel de misterio, puesto que Renfe decidió no hacer público el AVE Madrid-Zaragoza del día 19 hasta la semana pasada.
  • Repasar el contenido del botiquín y sustituir los medicamentos caducados por nuevos. Esto de usar el botiquín de año en año es lo que tiene.
  • Minimizar el neceser a lo mínimo imprescindible para poder ducharme y afeitarme, sin lujos.
  • Comprar un bordón nuevo, lo cual me ha permitido conocer una tienda nueva en el centro de Madrid, la Espartería de Juan Sánchez, en plena Cava Baja del barrio de La Latina.
  • Recoger la credencial del peregrino en la Asociación de Amigos de los Caminos de Santiago de Madrid, y comprobar, tantos años después ya que últimamente la solía recoger en León, que siguen dando la charlita previa, lo cual me parece muy bien.
¿Qué me falta? En la lista de pendientes, me queda conseguir un mechero y hacer y deshacer la mochila tres o cuatro veces para asegurarme de que no me falta nada.

Creo que no va a a ser suficiente y Ornstein se burlará de mí mientras miro como el segundero del reloj parece haberse quedado congelado.

viernes, 9 de agosto de 2013

Diez gramos en la mochila

No puedo evitarlo. A diez días de irme a los Pirineos para empezar el Camino estoy en pleno proceso de revisión del contenido de la mochila. Todos los elementos de la mochila están en cuatro grandes categorías:
  • Sí hay que llevarlo.
  • No hay que llevarlo.
  • Me gustaría llevarlo.
  • ¿Para qué llevo esto?
El factor determinante es el peso y, como si se tratara de un coche de fórmula 1 en el que se pesan todas y cada una de las piezas, entre una camiseta de 127 gramos y una de 129 gramos, la decisión está clara.

Ya compartí en una entrada previa, la lista de cosas que me iba a llevar, y ahora toca afinar un poco, elegir los elementos más ligeros, descartar el bote de 2 litros de gel de baño del neceser, sustituir el camping gas portátil por un mechero, cortar la pastilla de jabón por la mitad y luego llevarse sólo un cuarto, saco confort +15 o sábana-saco.

Recuerdo que el año que más peso recorté fue cuando me operé la vista. Adiós al líquido de las lentillas, el estuche de las lentillas y a las gafas. Menuda liberación. Todavía tengo pesadillas al pensar en el año que me dejé el neceser en un albergue con mi pequeño bote de líquido de lentillas y tuve que cargar por todo Lugo con el bote de medio litro que tuve que comprar en Mondoñedo.

En esas estaba, cuando vi encima del escritorio la credencial y tuve que hacerlo. La puse en la báscula: Diez gramos. Sólo diez gramos. Probablemente gane algunas micras con cada sello y casi seguro que este año necesite una segunda credencial para el tramo final. A las malas, llegando a Santiago serán 22 gramos.

¿Y si sólo llevara en la mochila la credencial?

domingo, 4 de agosto de 2013

Compostella, anno Domini MXIII

Desde la invasión y destrucción de Compostela, hacía ya quince inviernos por el vil Almanzor y su ejército de moros, no había visto nada tan exótico. Parecía una persona, una persona tremendamente asustada. Y lo más sorprendente es que portaba una vieira de peregrino.

En sus muchos años había visto llegar al sepulcro del Apóstol peregrinos de todo tipo, región y clase social. Pero lo que estaban viendo sus ojos superaba con creces a todos ellos y lo mismo le estaba ocurriendo a todos los habitantes que dejaban sus quehaceres diarios para observar el espectáculo.

El "peregrino" había reducido su ritmo al andar, sus rítmico crunch, clac, crunch, clac con el que se acercaba al templo se fue reduciendo al dejar de mover los dos apéndices metálicos que sujetaba con las manos y empezaba a arrastrar los pies estupefacto.


Con un rápido movimiento se desembarazó del extraño zurrón en colores azul y verde que llevaba tan perfectamente acoplado a la espalda que parecía una joroba. Se quitó el extraño sombrero con una flecha amarilla dibujada y que sólo tenía ala en la parte delantera, se secó la cara con un pequeño trozo de tela fina y roja tras desatarlo del cuello y dijo algo que sonó claramente como una maldición.

La curiosidad pudo más que el miedo y se acercó, junto con su bastón de nudos favorito, al extraño personaje que se había sentado en su zurrón y miraba incrédulo en todas direcciones. Llevaba un calzado extraño, completamente cerrado y con un intrincado dibujo en la suela, las medias eran del color de las naranjas, y se adherían como una segunda piel a su tobillo.

El resto del atuendo no era menos peculiar, una camisola negra con extraños dibujos de lo que parecían pequeñas ovejas y lobos y unos calzones con grandes bolsillos por todo el extraño tejido.

Al acercarse, el extraño alzó la mirada y sonrió con unos perfectos dientes blancos. "Ultreia" dijo con un extraño acento que recordaba vagamente al de los peregrinos venidos de tierras de Castilla. "Et suseia" contestó devolviendo la sonrisa al extraño.

sábado, 27 de julio de 2013

Preparando la mochila

Siempre me gusta preparar la mochila con tiempo y repasarla varias veces para asegurarme que no me falta nada.
Este año me he propuesto reducir pesó con respecto a ocasiones anteriores, pero sin perder de vista que voy a estar más de un mes andando.
Aquí os paso mi lista inicial, que seguro tendrá un par de revisiones de aquí al día 19 de agosto:
  • Saco de dormir.
  • Esterilla aislante, sé que el año que no la lleve la necesitaré.
  • Impermeable.
  • Polainas, algo parecido a la esterilla, desde que las compré no he tenido que usarlas.
  • Botiquín básico.
  • Rodillera, necesaria para los descensos.
  • Tres camisetas.
  • Tres mudas de ropa interior y calcetines.
  • Dos pantalones desmontables.
  • Bañador.
  • Chanclas ducha.
  • Calzado para andar.
  • Calzado para después de andar.
  • Guía del Camino, aunque uso la del móvil, me gusta hacer anotaciones sobre la propia guía.
  • Cuaderno de notas.
  • Navaja.
  • Toalla.
  • Neceser básico.
  • Imperdibles para tender la ropa.
  • Frontal.
  • Cargador del móvil.
  • Bordón, este año he decidido volver a los clásicos.
  • Cortavientos y forro polar ligero.
  • Bolsa de agua.
  • Bandana para el cuello.
  • Gorro.
¡¡¡Se me había olvidado la vieira!!!